viernes, 30 de enero de 2015

Φόβος: Un ensayo sobre el miedo



El miedo genera en los seres vivos una respuesta fisiológica y psicológica tal que es capaz de modificar su conducta. Con el miedo se prepara al organismo para enfrentar o huir según la situación, según la evaluación que hacemos del peligro, según nuestra propia condición. Esta decisión puede incluso definir el curso de la vida o de la muerte.

En todos los ámbitos y en todas las culturas del mundo el miedo ha tenido un papel fundamental en la consolidación de las culturas. En la religión, por ejemplo, se solía infundir miedo a través de figuras supremas que podían acabar con la vida de los individuos. En el Japón medieval, los samuráis portaban grotescas máscaras para provocar terror al enemigo y ganarle con facilidad.

En la Europa medieval se crearon los mitos de criaturas sobrenaturales y nocturnas para explicar los terribles asesinatos y cadáveres que aparecían en los bosques, la finalidad era evitar que la gente saliera de noche. El santo oficio (cuyo aniversario de fundación ocurrió hace dos días [4 de noviembre de 1571]) por medio de sus cruentas prácticas se convirtió en “una de las policías más crueles y severas de cuantas han existido”, menciona un reportaje de la revista México desconocido. Sus métodos generaban terror en la población.

El miedo es una respuesta natural, todos la sentimos y no es negativo padecerlo, lo negativo es ejercerlo sobre otros. Cuando se emplea el miedo sobre terceros el resultado siempre es manipulación, al menos al primer momento. Los mencionados allá arriba ejercían miedo sobre otros para tener control, para manejarlos con facilidad, para poderlos manipular.
Viktor Frankl nos mencionaba en “El hombre en busca de sentido” que las preocupaciones se apoderaban completamente de los sujetos. Una preocupación es “tratar” un asunto antes de que se presente. Y, ¿por qué habríamos de ocuparnos de las cosas antes de tiempo? La respuesta que propongo es: el miedo. Presentamos miedo de que las cosas que ocurran nos puedan afectar, la incertidumbre de qué pueda pasar carcome la conciencia.

Hay muchas formas de ejercer control pero, al parecer, el miedo es la más rápida, segura y efectiva: se disemina muy rápido y permanece mucho tiempo con “pequeñas dosis”, no requiere de mucho esfuerzo y todos son susceptibles de sentirlo, no hay quien se resista y no existe persona alguna que le agrade sentirlo.

Un sentimiento natural que nos permitía sobrevivir en el pasado, ahora es manejado por terceros para poder controlarlos. Y no hablo de las instituciones, hablo de los individuos: absolutamente todos hemos manejado a alguna persona a través del miedo. Amenazas tan simples como “te voy a apagar la televisión”, “ya viene el coco”, “¿quieres que te pegue?” son manipulaciones que se hacen por medio del miedo: “yo no quiero que me hagas “esto” y por eso te voy a obedecer”.

Para mantener a una comunidad controlada por medio del miedo, es necesario que el factor amenazante sea efectivo en la gran mayoría de los integrantes. Recordemos que la familia es la base de la sociedad, si tienes atemorizados a todos los integrantes, éstos, al interactuar con otros “contagiarán” su miedo. Es una reacción en cadena, es algo muy rápido, y lo es mucho más porque se impactan a muchas familias al mismo tiempo.

Cuando aparece el miedo la persona se queda paralizada, al menos por unos instantes, y después hace un cálculo rápido de todas las variables: evalúa el peligro, el lugar en el que se encuentra, la fuente de la agresión, su situación física, posibles obstáculos y posibles soluciones o finales. Todo este análisis dará como resultado una sola respuesta: Enfrento o huyo. En este punto no hay lugar para nuevos algoritmos, el enfrentar o huir serán respuestas definitivas que solamente pueden cambiar por la contraria si llegan a fallar.
Imaginemos que yo me enfrento con un asaltante, decido que no voy a dejar que me robe mis cosas y le hago frente. Sin embargo, en la contienda el sujeto me propina buenos golpes y/o saca una navaja de entre sus cosas. Volveré a analizar y muy posiblemente cambie mi decisión: optaré por huir.

En el caso contrario, imaginemos que desde el principio decidí huir pero el asaltante me da alcance, es muy probable que para quitármelo de encima voy a tener que enfrentar.

¿Y si no enfrento ni huyo? No existe tal situación, no existen puntos medios, la mitad de los hechos que ocurren en ese momento es responsabilidad tanto de la fuente del miedo como el receptor o víctima. Si yo decido quedarme parado pero no le enfrento, eso no evitará que el sujeto me haga algo.

¿Y si a pesar de haber huido/enfrentado no logro asegurar mi bienestar? El miedo no asegura el bienestar, son situaciones impredecibles. Podemos imaginarnos a grandes rasgos cómo podría actuar el sujeto de mi ejemplo, pero jamás conoceremos los detalles hasta que lo vivamos. Y es en los detalles donde radica el éxito o el fracaso.

Es necesario resaltar que todos empleamos algoritmos para poder obtener una respuesta, ya sea de enfrentamiento o de huida, en esos momentos la cognición funciona más rápido de lo normal y este cálculo nos lleva un par de segundos solamente.

Se menciona que el ser humano, por naturaleza le teme a lo desconocido, sin embargo no solo tememos lo que no conocemos, también nos atemoriza lo que ya sabemos. En muchas ocasionas nos atemoriza mucho más aquello que conocemos que lo ignorado. Es una especie de condicionamiento que ocurre a través de nuestra historia personal. Si yo me destrocé el dedo índice de mi mano izquierda por utilizar un martillo, me la pensaré dos veces antes de manipularlo, e independientemente si lo vuelvo a hacer o no, siempre quedará ahí un pequeño temorcillo a que vuelva a suceder.

Uno de mis docentes sufrió en carne propia el terremoto de 1985 en la ciudad de México, él quedó atrapado con un grupo de personas en una habitación. El muro que contenía la puerta se “colgó” e impidió que ésta abriera. Todos estaban atrapados mientras el edificio se caía a pedazos. Desde entonces, esta persona no cierra las puertas de los lugares concurridos en los que se presenta. ¿Cuántos de los sobrevivientes harán lo mismo?

“Si quieres conocer la sociedad, debes conocer a los hombres”. El miedo en las masas se vive de manera individual, pero los actos de cada individuo están encadenados a los actos de los que le rodean. Todos nos sentimos cómodos y seguros cuando estamos con dentro de un grupo de personas, cuando llega el miedo nos sentimos vulnerables, desprotegidos, visibles como blanco de tiro. ¿Qué nos puede dar seguridad? El estar con otros aunque los demás también sufran de lo mismo.

El miedo puede tener repercusiones muy negativas en la que unos ejercen control sobre otros, sin embargo no todo es negro o gris. De acuerdo a la teoría del conflicto, es necesario que la sociedad se vea envuelta en conflictos (el miedo genera conflictos) para que esta sociedad avance y mejore. Además el miedo puede reforzar los lazos entre los individuos fomentando la cohesión social.

El 11 de septiembre de 2001 las torres gemelas de Nueva York fueron derribadas en un acto terrorista. Apareció de inmediato el miedo en los habitantes de EU, pero no solo eso. Cuando se informó que los atacantes eran presuntamente miembros de Al-Qaeda los sentimientos de patriotismo se dispararon en los habitantes de aquella nación.

Para bien o para mal, el miedo ha estado ahí, independientemente de los niveles en los que se pueda presentar que pueden ir de un simple miedo a exponer hasta el más terrible terror por morir. Siempre genera en nosotros una respuesta: enfrento o huyo, la experiencia personal irá encausándonos en la preferencia de elección.

Antonio Malpica en su novela “Siete esqueletos decapitados” plantea una pregunta muy interesante, la cual se vuelve prácticamente el móvil oculto de la novela. Esta pregunta me la he hecho a mí y te invito a que hagas lo mismo, es sinceramente una de las preguntas más difíciles de responder:

“¿Cuánto miedo puedes soportar?”


JJCR
PPS

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