jueves, 29 de enero de 2015

LAS NUEVE PIEZAS DE MICHOACÁN

Hola a todos, el día de hoy voy a compartirles las "Nueve piezas de Michoacán" para que conozcamos un poco más de este maravilloso estado mexicano. Si encuentras (o conoces) la pieza del estado a la que corresponde tu municipio te invito a que la escribas en los comentarios. La información la extraje del libro "Michoacán, lagos azules y fuertes montañas" de la colección "Monografías Estatales" de la Secretaría de Educación Pública del año 1987.

1.- El Pacífico y los Bajíos

Si es cierto que el Océano Pacífico será en fecha próxima lo que hoy es el Océano Atlántico, el mar central del mundo, lo que le espera a las tierras bañadas por el Pacífico es muy halagüeño. Por su situación sobre el océano del futuro, Michoacán puede desplegar un activo comercio ultramarino. Por estar bañado de aguas tibias, ya comienza a reunir turistas deseosos de agua cálida, y rayos bronceadores. Las aguas tibias no atraen tanta cantidad de peces como las aguas frías pero sí una mayor variedad. Como las condiciones para la natación y el asoleamiento de la costa michoacana son tan buenas como las de Acapulco; como las potencialidades de la pesca, si no milagrosas, si son dignas de consideración; y como Michoacán puede abrir puertas al tráfico de altura, lo promisorio de su litoral está a la vista.

La gente sureña les llama Los Bajos a los terrenos cercanos al gran océano. Los forman tres municipios: Cárdenas, Aquila y Coahuayana. Es una cinta de 200 kilómetros de longitud y 20 de anchura; es decir, 4000 kilómetros cuadrados. Comienza en la desembocadura del Balsas, en la Boca de San Francisco, prosigue hacia la Boca de la Necesidad, donde se localiza el puerto de Lázaro Cárdenas y el centro siderúrgico Las Truchas, la fértil planicie de La Orilla, la arenosa y suave Playa Azul, los esteros del Manglito, del Caimán y del Piche, varias desembocaduras de arroyos, el acantilado de Las Peñas, otros salientes rocosos, y entre ellos, minúsculas bahía. Luego se aparta la sierra y vuelven planicies, playas y palmeras. Los cantiles regresan una y otra vez antes de topar con la bahía del Bufadero y la playa, los palmres y la desembocadura del rio Nexpa. Surge enseguida el largo Plan de Mexiquillo, al que cortan por el occidente nuevas penetraciones de la parte montañosa. Vistosos peñascos, islotes de piedra y agresivas puntas. La salida del río Cachán hace una apacible planicie que contrasta con los rudos acantilados interpuestos entre ella y la bellísima bahía de Maruata, protegida por siete isletas rocosas. Adelante surgen las puntas de Piedras Blancas y Cabeza Negra, los arenales de San Telmo, la ribera oriental del Coahuayana y la Boca de Apiza. Las planicies costeras de Michoacán son las más angostas de todo México.

La zona costera es una serie de pequeñas llanuras apacibles y de vigorosos contrafuertes en la que se deshacen rítmicamente y sin mucho ruido o se rompen con rumor ronco las olas tan poco pacíficas del Océano Pacífico. Aquí predominan la variedad y las sorpresas. Cada planicie, bahía, caleta, playa, acantilado, punta, peña, boca, cueva y terraza ofrece algo distinto e interesante. Esto es un largo desfile de cocoteros, arenas, apretada vegetación tropical, ríos y arroyos, pantanos, suelos fertilísimos, yacimientos ferrosos y animales raros.

En las áreas rocosas del litoral abundan almejas, lapas y ostiones; en los esteros y lagunas, langostinos, y en las aguas tibias del océano, bagre, barrilete, mojarra, pargo y robalo. La tortuga de carey desova en las playas. El caimán fue una especie muy abundante en la desembocadura de los ríos.

Delante de las costas michoacanas corre un sistema de fallas o sean fracturas del subsuelo que van desde las Islas Marías, cruzan la bahía de Banderas, se meten a Jalisco y pasan al sur por Colima y Michoacán. En esas fallas se producen muchos temblores.
La costa de Michoacán tiembla y se adelgaza. Se le han hundido partes en la fosa del pacífico. El mar la martillea constantemente, dando lugar a las minúsculas planicies y los acantilados.

2.- La Sierra Madre del Sur

Así como la costa del Océano Pacífico, la Sierra Madre del Sur no es privativa de Michoacán. También cruza por los estados de Jalisco, Colima, Guerrero y Oaxaca. La porción michoacana mide aproximadamente 200 kilómetros y de norte a sur entre 60 y 100 kilómetros; su altitud es casi constante en sus partes más altas, con promedio de 2 000m.

Por el sur, colinda con la costa, al oriente topa con el río Balsas, al poniente con el río Coahuayana y al norte con el Plan de Tierra Caliente. Los terracalenteños le dicen la Sierra Costa; los serranos la nombran de muchas maneras según la subregión de que se trata. Es un macizo montañoso que comprende las serranías de Chinicuila, Coalcomán, Arteaga, Cachán, Maquilí, Parota, Piedra Verde y Sierra del Cobre. Sobresalen por su altitud los cerros de Coalcomán (2 895m) y Cantador (2 436m).
La Sierra Madre del Sur surgió de las aguas hace aproximadamente 80 millones de años, en el cretácico superior y se volvió tan quebrantada en el cenozoico. Sigue moviéndose; es zona sísmica, es una enorme suma de cerros y barrancas en constante cambio.

Abundan en sus adentros, vetas de cuarzo portadoras de oro y plata y yacimientos de fierro.
Lo accidentado del terreno lo hace impropio para tareas agrícolas. Tiene unos cuantos valles, que vistos desde el avión, parecen pozos. Las tierras llanas son pocas al lado de tantos miles de cuestas, quebraduras, subidas y bajadas.

En la Sierra Madre del Sur se presentan dos climas: en lo alto es templado; en los declives hacia el mar y hacia el plan, es tropical. Por el flanco sur, debido a los vientos húmedos provenientes del mar, le caen abundantes y estruendosos chaparrones en el verano; por la ladera norte recibe las corrientes de aire caliente que se levantan del Plan de Tierra Caliente y con poca lluvia. Lo más común es la lluvia veraniega que permite la formación de algunas corrientes muy caudalosas en este tiempo.
Los ríos que nacen en la sierra, son entre otros muchos, el Cachá, el Chula y el Nexpa. Los tres corren a toda prisa por profundas hermosas cañadas.

Aunque es tierra de suelos delgados, y abundan los pedregales, no es una región desnuda. Hay muchos suelos porosos de montaña. Se trata de suelos excelentes para la arboricultura en las cumbres y para sembradíos y pastos en los valles. En los altos de la sierra crecen muy bien los pinos y los encinos; en la ladera norte, la vestidura vegetal es de arbustos espinosos; en la ladera sur lo sobresaliente es el bosque tropical donde abunda el zapote, el chirimoyo, el plátano, la parota, el guayacán, la ceiba, el cascalote, el guaje, el tamarindo y el mango. Aquí habita el puerco espín de hábitos arbóreos y nocturnos, que come yemas y cáscaras de árbol; el jaguar, una de las especies más robustas de América; el ocelote que suele cazar desde los árboles; el tigrillo, otro cazador nocturno no más grande que un gato doméstico ni menos hermoso que un ocelote; la onza de movimientos ágiles y de figura esbelta y, el puma es tan grande y fuerte como el jaguar; el jabalí que vive en manadas, es una especie de cerdo salvaje muy perseguido por su piel; por la misma razón se caza la nutria que se encuentra en los ríos que descienden de la Sierra hacia el pacífico.

3.- Plan de Tierra Caliente

Alojado en el Suroeste de Michoacán, el Plan de Tierra Caliente, tiene una longitud aproximada de 200 kilómetros y una anchura de 30; la superficie se distribuye entre los siguientes municipios: Apatzingán, Buenavista, Churumuco, Gabriel Zamora, Huacana, Mújica, Parácuaro y Tepalcatepec. Como la mayoría del suroeste michoacano, se ubica fuera de las zonas de abundante actividad humana. Además de apartada, la hoya del Tepalcatepec era, hasta hace muy poco, casi inaccesible. Por el norte, por causa del Tancítaro y sierras que le acompañan; por el sur debido a las serranías de Coalcomán y Arteaga; por el oeste, a causa de las sierras de la Cruces e Inguarán, y hacia el oeste, por las infructuosas estribaciones de la Sierra del Tigre. Es una planicie hundida entre laberintos montañosos a la que sólo se podía llegar por dos o tres rutas difíciles. La más frecuentada fue la de Caracoles o Cerro de las Vueltas, una estrecha senda retorcida por la que se pasaba a caballo por cortaduras y precipicios muy profundos. En el paisaje más estrecho, dictaba la prudencia el silbar o el gritar para no encontrarse con otro y no verse en serias dificultades de pasar.

La extensa llanura del Tepalcatepec varía en altitud de 300 a 600 metros, está fuera de camino y rodeada de vericuetos y tierras quebradísimas. Es muy cálida, reseca y con vegetación espinosa. Fue asiento de plagas y múltiples enfermedades. Se le dice “tierra caliente” con más merecimientos que a cualquier otra de la República. La temperatura media en enero es de 25°C y la de mayo de 32°C. Ocasionalmente la temperatura sube a 42°C.
Las lluvias son escasas; pero torrenciales.

Rara vez llueve fuera del periodo junio-octubre, la humedad del aire es casi siempre baja. Como es valle, y de los hondos, recoge muchas aguas de las sierras que le rodean.
El río grande de Tepalcatepec atraviesa toda la planicie.

Recibe muchos afluentes antes de llegar al plan, donde ya es caudaloso y lento. Visto desde el aire parece una serpiente. En sus márgenes se forman playas fértiles que invitan al arado. Corre hacia el oriente, por un camino sinuoso. Desemboca en el río Balsas, a la altura del Infiernillo. El Tepalcatepec tiene varios ríos tributarios, los de la Sierra Madre del Sur sólo escurren durante el temporal lluvioso y los que vienen de los manantiales del Tancítaro y cerros aledaños, jamás se secan. El plan es un enorme colector de aguas, puede decirse que el suelo de la planicie es gris oscuro, arcilloso, impermeable, agrietado, pedregoso, alcalino, pobre en fósforo y potasio, y rico en calcio asimilable.

Ni el suelo ni las pocas lluvias propician una vegetación exuberante. La excepción es una faja verde en la orilla norte donde hay espesas arboledas. Fuera de allí, la vegetación natural es de poca altura, rala y espinosa. La forman mezquites, huizaches, cactus y breñas.

Tiene una fauna variada y numerosa. Es una región fecunda en toda clase de reptiles ponzoñosos y abundante en sabandijas y mosquitos. Es cuna del zancudo trasmisor del paludismo; la turicata, chinche que produce una llaga rebelde; la nigua que se incrusta en la carne; el alacrán rubio, la salamanquesa, la conchuda, la bola de hilo, la tarántula y otros animales que movieron a decir a fray Diego de Basalenque: aquel “es un mundo para quien no ha nacido allí inhabitable, y para sus nativos, insufrible”.

Las fiebres intermitentes, el mal de pinto, el bocio o buche y otros males endémicos hacen difícil la vida en las tierras calientes.

4.- La Depresión del Balsas

Seguimos nuestro viaje a través de Michoacán y encontramos la otra tierra caliente al oriente de la primera, junto al Balsas. Es una depresión a una altitud entre 300 y 1000 metros.

Cubre la ladera sur del Eje Volcánico en su parte llamada Mil Cumbres, hasta el río Balsas.
Cruzando el río son tierras del Estado de Guerrero. Al oriente colinda con los estados de Guerrero y de México. Al poniente, le queda el Plan de Tierra Caliente. A la zona de la Depresión del Balsas la integran nueve municipios: Tacámbaro, Turicato, Carácuaro, Huetamo, Nocupétaro, San Lucas, Susupuato, Tiquicheo, Tuzantla; municipios generalmente extensos.

En casi toda su extensión es rugosa y ondulada. Hacia Mil Cumbres es montañosa. Hacia el río Balsas es un lomerío con llanuras intercaladas. En la parte alta del norte se alternan inmensos contrafuertes y valles tan angostos como profundos. Aquí el clima es tropical lluvioso, parecido al de la Sierra Madre del Sur. Se siente calor todo el año, un calor que sobrepasa en promedio los 31°C de abril a junio y 23°C en los meses de invierno. De junio a octubre caen chubascos sobre las imponentes sierras y los desfiladeros. En el lomerío seco, y cálido, como en la otra tierra caliente, las lluvias son escasas, pero sería exagerado llamar áridas a estas tierras. En donde más llueve hay menos volumen de agua disponible. Las lluvias de la parte alta y montañosa se vuelven ríos y arroyos que bajan a toda velocidad por el fondo de estrechos valles y gargantas. En donde menos llueve hay ríos caudalosos. En primer lugar los que bajan de las alturas que llegan al fondo de la depresión con mucha agua. Así los ríos Cutzamala y Carácuaro. En segundo lugar, uno de los ríos más importantes de la república, el caudaloso Balsas, nativo del valle de Puebla, que desciende de la altiplanicie central y asume el papel de eje de la depresión, donde recibe el caudal de los ríos antes mencionados. El Balsas sirve de límite a los estados de Guerrero y Michoacán entra en contacto con Michoacán en el municipio de San Lucas; por un buen trecho corre del oriente al poniente. En el punto del infiernillo se junta con el río Tepalcatepec y toma dirección sur. Es un anchuroso río que transcurre entre tierras resecas, cerros pelones y árboles de ralo ramaje.

La cubierta vegetal luce pobre en la porción próxima al Balsas, es de cactus, diversos arbustos espinosos y yerbas. La parte escarpada del paisaje luce una cubierta vegetal más abundante, formada por árboles del trópico que se clasifican según su uso: curtientes (cascalote, parácata y cuachalalate), frutales (mango, mamey, arrayán, tamarindo, capire, cítricos y cuajilote) y maderables (caoba, encino, cueramo y muchas más). La flora es variada y la fauna no lo es menos. Parte de iguanas y lagartijas hay otros animales como: onza, jaguar, tejón, venado, conejo, liebre, ardilla, tlacuache, cacomixtle, ocelote, coyote y zorra. Como el Plan de Tierra Caliente, la Depresión del Balsas tiene muchos animales ponzoñosos: víbora de cascabel, alacrán, garrapata, pinolillo, conchuda, cocón y otros.

Entre las aves: la garza, el cenzontle, la golondrina, el gavilán, el tecolote, el zanate, la huilota, el aguililla, la paloma y el Martín pescador. Los ríos y arroyos contienen mojarras, truchas y langostinos. En épocas recientes se hablaba todavía de las grandes víboras como la boa constrictora y de los caimanes y cocodrilos de la depresión del balsas, tan dejada de la mano del hombre, no obstante sus riquezas ocultas y algunos de sus paisajes tan bellos como os famosos de la ladera sur.

5.- Ladera Sur

En el lado occidental del municipio de Tacámbaro —perteneciente a la depresión del Balsas— da comienzo el de Ario, uno de los diez que forman la región de los balcones o  Ladera Sur. Los nueve municipios restantes que la forman son: Los Reyes, Periban, Tancítaro, Nuevo Parangaricutiro, Uruapan, Taretan, Urecho, Gabriel Zamora y Parácuaro, al norte. Le dicen la región de los balcones porque se contemplan las espléndidas llanuras de las tierras cálidas. Nosotros nos limitaremos a decirle Ladera Sur de la Sierra Volcánica Transversal. Es una pendiente de casi 300 kilómetros de longitud que limita al norte con las Montañas Occidentales, al este y sur con la depresión del Balsas y al oeste con el estado de Jalisco.

Es tierra muy quebrada y a muchos niveles, tiene altitudes a casi cuatro mil metros y otras a sólo 600 metros.

El terreno presenta formas variadas: montañas, mesetas y llanuras. Ofrece también climas diversos: Cf templado con lluvias todo el año; Cw templado con lluvias en verano; Aw tropical con lluvias en verano y BS seco estepario. El predominante es Aw. En casi toda la ladera priva una temperatura media que varía entre 18°C y 26°C, sin fuertes oscilaciones. En gran parte recibe abundantes lluvias, principalmente en el verano. En la región de los balcones rara vez falta la cubierta de nubes que, procedentes del pacífico al chocar contra las salientes de la ladera se precipitan en forma de lluvia. Si se pudiera juntar la lluvia que cae en un año, se formaría una lámina con una altura entre uno y dos metros.

Allá brota el río Cupatitzio, las aguas que un poco más adelante caen a chorros en la Tzaráracua, cohorros que se desprenden de enormes rocas y resbalan por grandes peñas.
Toda la Ladera Sur es una maravilla de hermosos paisajes; sierras cubiertas con árboles frondosos, tierras fértiles y clima acogedor.

6.- Mil Cumbres

Aunque mil cumbres es sólo una parte de esta región michoacana, toda la región merece el nombre de Mil Cumbres. Decirle Oriente de Michoacán o Techo Tarasco-Nahua o Macizo Central del Eje Volcánico es decirle muy poco. Está al este del estado, es uno de los más hermosos techos del mundo; constituye la parte central del Eje Volcánico transversal, una fila de altos volcanes iniciada en la parte sur del estado de Nayarit, y que se extiende hasta el Volcán San Martín, próximo a Veracruz. La parte del Eje que ahora nos ocupa pasa por los municipios de Tlalpujahua, Senguio, Irimbo, Aporo, Angangueo, Tuxpan, Hidalgo, Ocampo, Zitácuaro, Juárez, Jungapeo, Tzitzio, Acuitzio, Madero y Huiramba, además de algunas tierras de Queréndaro, Indaparapeo y Charo. Tiene una superficie aproximada de 6000 kilómetros cuadrados. Le distingue una historia que los geólogos resumen así: en el periodo cretácico surgió del mar, en forma de llanura. En el mioceno y el plioceno se producen los pliegues que son la base o estructura de las dos grandes sierras de Michoacán: la Sierra Madre del Sur y el Eje.

En el periodo pleistoceno, hubo efusiones volcánicas, se formaron muchos volcanes, unos enormes y otros minúsculos, que le dieron el relieve actual a Mil Cumbres y le entregaron a las serranías de Tlalpujahua, Angangueo, Zitácuaro, San Andés, Otzumatlán, Curucupaseo y Acuitzio. Sobresalen algunas cumbres que pasan de los 3000 metros de altura sobre el nivel del mar: San Miguel, Picacho, Guadalup, Cocha, Rincón, Huajúmbaro, Cabeza, Santa Catarina, Cacique y Los Azufres. Las cadenas montañosas solamente dan lugar a pocos y estrechos valles: Zitácuaro, Tuxpan, Tajimaroa. Lo montañoso contribuye a formar diferentes condiciones climáticas; las cumbres son más frías que las laderas y los profundos barrancos; la lluvia abundante del verano es un buen moderador de los climas de la zona. En Mil Cumbres llueve mucho y hay numerosos ojos de agua y riachuelos. Hay manantiales fríos y calientes; de los ríos, algunos corren hacia el Lerma y otros son afluentes del río Blasas.

Además de por sus minas y sus cumbres, la región es muy famosa por las aguas termales de San José Purúa, Tular, Tepetongo, Albores, Cimatario, Agua Caliente, Agua Tibia, Aguacate y Los Azufres. Estos últimos ocupan una zona alta y cubierta de pinos. Por Ciudad Hidalgo o por Ucareo se puede subir a los cerros de En medio y del Gallo y a los lagos Grande, Verde y Larga. Laguna Larga es una presa co un borbollón de agua termal. Es una amplia poza de lodos de azufre, y por lo mismo, medicinales. Como si eso fuera poco, al lado del cuenco ocupado por los lodos medicinales, numerosas fisuras en el terreno, llamadas chifladores por el ruido que hacen, dejan escapar vapor. Los espesos lodos en perenne ebullición, los ríos, las cascadas, los chifladores, las formaciones pétreas, los pinares, el bosque mixto, la selva semitropical, las lagunas ya citadas y la de Zirahuato, junto con las resas Mata de Pinos, Pucuato y Sabaneta, entre otras, han dado lugar a muchos escritos poéticos.

Todos los montes del rumbo están cubiertos de pinos y oyameles o de pinos y encinos. Las lagunas de la empinada sierra están bordeadas de pinares. Desde Cortina de Zitácuaro hasta la presa de Cointzio es la misma cosa. Las escenas se repiten sin ser nunca las mismas. Es incesante el cambio de matices en la vegetación, matices que van del bosque de pinos y oyameles a selvas de vestidura tropical con árboles de tupido follaje, y con matas de plátano y de flores. Aquí las circunstancias de altitud, humedad y suelo propician la existencia de una notable variedad de hongos. No menos asombrosa es la variedad de orquídeas: flor de muerto, azucena amarilla, lirio de San Antonio, lirio de San Francisco y otros más. Los lirios y las aves han sido los más asiduos pobladores de la zona. Algunas de las aves son el guajolote silvestre, la codorniz pinta, la gallareta, la paloma de collar, la tórtola de alas blancas, el canario, la golondrina, la cerceta azul, el águila, el loro de memoria excepcional, el halcón, el búho, la gallina del monte, y la huilota de vuelo veloz.

7.- Las Montañas Occidentales

Es la prolongación hacia el occidente de mil cumbres.

Ocupa tierras de los siguientes municipios: Charapan, Paracho, Uruapan, Tzintzuntzan, Castellanos, Jiquilpan, Villamar, Cotija, Tocumbo, Cherán, Chilchota, Erongarícuaro, Nahuatzen, Nuevo Parangaricutiro, Pátzcuaro, Quiroga, Santa Clara, Tangamandapio, Ziracuarétiro, Tangancícuaro, Tingambato y Tingüindín. La extensión de la región se acerca a los 5000 kilómetros cuadrados, la mayoría son cerros entre los que destacan por su altitud: Patamban, 2 525m en Tangancícuaro; El Pilón, 3 385m en Nahuatzen; Paracho, 3 347m en Paracho; Del Burro, 3 310 m en Pátzcuaro; Nahuatzen, 3 310m en Nahuatzen; y el Sevina, 3 305m en Nahuatzen. Esta parte del Eje volcánico está guarnecido, rodeado de montes altos y cubierto con muchos picos.

Cientos de conos volcánicos antiguos y redondos o nuevos y puntiagudos le dan una fisonomía única.
Como se repite en todos los libros de geografía, dos series de erupciones volcánicas esculpieron a la zona. Todavía surgen volcanes. En una fecha tan cercana como 1943, brotó el Paricutín. Alrededor de las cinco de la tarde del 7 de febrero se sintió un temblor y se escuchó un fuerte ruido. A las 9 de la noche apareció la luminaria muy cerca del pueblo de Paricutín. Al día siguiente fueron las primeras explosiones. De un cono de 7 metros de altura comenzaron a salir rocas encendidas y chorros de lava. En diez días el cono creció hasta alcanzar una altura de 165 metros. Para entonces las continuas descargas de pedruscos encendidos conseguían elevaciones de mil metros. Las nubes cargadas de arena se descargaban sobre una zona de miles de kilómetros cuadrados. La lava comenzó a cubrir la zona contigua al edificio volcánico. En nueve años el volcán alcanzó 440 metros de altura. El 25 de febrero de 1952 disminuyó repentinamente su actividad, la que continúa con emisión de gases.
Toda la región abunda en montañas enormes y en valles floridos. Entre los cerros de Paracho y Marijuata se extiende el valle de Paracho; entre los cerros de San Marcos, Pilón y los Cuates la hondonada de Nahuatzen; entre las eminencias Tariaqueri, Ziruta, El Bosque, El Frijol y otras, el plan y la laguna de Pátzcuaro.

El clima de las Montañas de Occidente se califica templado y lluvioso. Una mitad del año —primavera y verano— brinda la temperatura media que mejor le cae al cuerpo del hombre, una tibieza de 20°C. en la otra mitad, y sobre todo durante el invierno, se sufren fríos acompañados de nieblas. Ninguna de las cumbres se viste de nieve crónica, pero aun en los valles caen más de cien heladas prietas al año. Llueve mucho en la estación veraniega. Si se quedara en la superficie lo llovido anualmente formaría un espejo de agua de un metro de espesor, pero el suelo serrano permite la infiltración del agua. Las granizadas y las tormentas del temporal hacen destrozos. El líquido se infiltra antes de formar riachuelos y lagunetas. Por eso escasea tanto en el largo periodo de secas. La excepción es la cuenca de Pátzcuaro. En los alrededores del lago no se padecen sequías. Tampoco los vecinos del lago de Zirahuén, uno de los más bellos del país. La breve cañada de Chilchota también posee la riqueza del agua.

Los tarascos de la sierra distinguen tres clases de suelo: tupiri, charanda y malpaís. Para ellos no cuentan la tierra amarilla de las cumbres donde hay coníferas (pinos hasta de 25 metros y cedros y oyameles hasta de 40) en todo tiempo verdes. Para los tarascos sí importa mucho la tierra de tupiri que cría pinos, encinos y praderas en declives y valles. No menos apreciado es el suelo rojo llamado charanda. Lo que no sirve para la agricultura son las llanuras de piedra, llamadas malpaíses, que producen los volcanes recientes como el Paricutín. El antigua valle de Parangaricutiro es ahora de piedra. Aquí no se da casi nada. De hecho, la mayoría de las tierras del rumbo no son agrícolas; tienen valor como pastizales, y sólo son realmente buenas para la arboricultura. Los talamontes las tienen en mucho; así tambipen los cazadores, pues siempre han abundado los animales de caza. En la porción lacustre hay pescado, abundantes peces como para justificar el nombre de Michoacán, que significa lugar de peces, sobre todo charales y pescado blanco, los bagres de agua dulce y las mojarras, aunque éstas son más propias del valle de Zamora.

8.- Los Valles de Zamora

La región michoacana es más fértil desde el punto de vista del agricultor recibe los nombre de Noroeste Michoacano, Distrito Lerma-Chapala, Tierra de Valles, Región de Ciénega y Bajío Zamorano. Cubre el 12% de la superficie de Michoacán. A sus 7 500 kilómetros cuadrados colaboran partes de 26 municipios: Briseñas, Chavinda, Chilchota, Churintzio, Ecuandureo, Ixtlán, Jacona, Juiquilpan, La Piedad, Marcos Castellanos, Nicolás de Régules, Numarán, Pajacuarán, Penjamillo, Purépero, Sahuayo, Tangamandapio, Tangancícuaro, Tanuato, Tlazazalca, Venustiano Carranza, Vista Hermosa, Yurécuaro, Zacapu, Zamora y Zináparo.

La componen valles separados entre sí por cadenas de montañas que tienen más de 2000 metros de altitud. La mayoría de los valles está entre 1500 y 1800 metros de altitud. No todos son de las mismas dimensiones. El bajío de Zamora es una combinación de llanos y cerros. Como en las otras regiones de Michoacán sus límites no están bien definidos, pero le caracteriza un relieve menos montañoso y más tierras planas.

Desde el punto de vista geológico pertenece a una etapa de pujante volcanismo en la que se produjo la porción montañosa. A intensos chaparrones atribuyen la formación de las lagunas de los diversos bajíos (guanajuatense, moreliano y de Zamora), de las Ciénegas y lagos que hubo o que todavía hay en el sur de Guanajuato y en el norte de Michoacán. Hasta épocas recientes, el Bajío de Zamora era un solo lago con largas islas o muchos lagos que intercambian aguas.

Gracias a los lagos y especialmente al lago de Chapala, límite occidental del bajío Zamorano, el clima de éste es templado. Nunca se tienen aquí los calores de la Tierra Caliente ni los fríos de la Sierra Volcánica, la temperatura es suave, con pocas oscilaciones diarias y estacionales. Casi nunca hiela. Los días de sol y transparencia superan en número a los de viento y lluvias. Un promedio de cincuenta días se nublan en el largo temporal de sequía. Sólo de junio a septiembre hay más días nublados que soleados.

A comienzos del verano empieza la temporada de lluvias, que dura cuatro meses y no es abundante. Si la región se atuviera a los chubascos veraniegos no tendría fama de pantanosa. La fama la conquistó gracias a los ríos y depósitos de agua con que cuenta, a ríos tan caudalosos como el Lerma o el Duero, y a depósitos tan vastos como el de Chapala. Al Bajío Zamorano vienen a confluir aguas de muchas sierras.

Por regla general el suelo de  los valles de Zamora es de tipo vertisol. Los vertisoles son suelos de textura arcillosa y color negro. Se hinchan con la humedad y se agrietan cuando están secos. En estas tierras destaca la montmorillonita que en tiempos de lluvia se expande, cierra poros y produce chicles. En cambio, en el temporal seco se endurece y se llena de grietas si no recibe el beneficio del riego. En realidad, antes de la llegada del hombre, el suelo del valle zamorano era cenegoso y estaba cubierto de agua, tules, carrizos. Únicamente en las laderas de los montes, de las filas de conos volcánicos, había en abundancia arbustos como el mezquite, cactus como el nopal y multitud de yerbas. En la punta de los cerros lucían encinos vigorosos. No podía ser mayor el contraste entre la flora y la fauna de las cumbres de Pajacuarán, la Beata, Guaracha, San Francisco, la sierra de Purépero y otras eminencias con el de fondo de valles pantanosos y yerrbas de poca utilidad. En tiempos en que la técnica era deficiente, los valles de Zamora se veían casi siempre inundados, sin más vegetación que la típica de las Ciénegas, repletas de roedores, con nubes de insectos insufribles con los gérmenes de muchas enfermedades, muy lejos aún de estar cubierta de trigales, maíz, sorgo, cebolla, papa, jitomate y fresa.

9.- La Región Central o Moreliana

La llamada Región Central está al norte y no en el centro del territorio michoacano. Se le dice así porque en ella se ubica la capital del Estado. También se le dan otros nombres: Región del Lerma, Noreste de Michoacán y Bajío Moreliano. Por el sur linda con el Eje volcánico. Por el norte llega hasta la línea limítrofe convenida entre Guanajuato y Michoacán; por el Este hasta la línea divisoria con los estados de México y de Querétaro. Por el Oeste la sierra de Zirate separa el Bajío de Morelia del Bajío de Zamora. La región central es un poco más extensa que la zamorana; mide 8000 kilómetros cuadrados; aproximadamente ocupa el 14% de la superficie total del Estado; comprende tierras de 24 municipios: ALvaro Obregón, Angamacutiro, Coeneo, Contepec, Copándaro, Cuitzeo, Charo, Chucándiro, Epitacio Huerta, Huandacareo, Indaparapeo, José María Morelos, Lgunillas, Maravatío, Morelia, Panindícuaro, Puruándiro, Sixto Verduzco, Queréndaro, Santa Ana Maya, Tarímbaro, Villa Jiménez y Zinapécuaro.

Hay notables parecidos entre la Región Central y el Bajío Zamorano. La evolución geológica de ambas regiones es muy parecida: las dos fueron llanuras, se llenaron de montañas volcánicas, y durante el periodo lluvioso tuvieron más lagos de los que aún tienen. El relieve de una y otra región lo determinan cadenas montañosas y valles. De los cerros morelianos son dignos de mención por su enormidad los que lo separan de Mil Cumbres y del Bajío Zamora: San Miguel, Altamirano, Cabeza, Leonera, Zirate, El Águila, Zacatón, Nieve, Quinceo y Brinco del Diablo. De los valles conviene retener los nombres de los elevados de Tepuxtepec y Maravatío; los más accesibles de Queréndaro y Morelia, y los bajos de Puruándiro y Angamacutiro. Cada una de las dos regiones tiene un lago extenso. El de la región de Morelia se nombra Cuitzeo y es casi tan grande como el de Chapala, normalmente poco profundo y de aguas turbias y salitrosas.

La Región Central tiene menos recursos que la de Zamora pero con mejor clima. El barón de Humboldt, geógrafo alemán que visitó México a principios del siglo XIX, se deshizo en elogios del clima de los valles de Morelia. Lo llamó “suave, templado y sumamente beneficioso a la salud”. Ya dos siglos antes fray Diego de Basalenque había dicho: la región de Valladolid cuenta con un “lindo temple, que ni es caliente ni frío, sino una medianía muy suave y saludable a los cuerpos humanos”. Quizá sea una comarca aún más transparente que la de Zamora. Lo normal es que la atmósfera se vista de azul intenso; sólo se pone gris o blanca en la temporada de lluvias. Como en la zona gemela, las lluvias no son abundantes pero está bien abastecida de manantiales, ríos y lagos. La mayoría de los ojos de agua, unos frescos y otros calientes, al juntarse entre sí forman ríos. Por fondos pedregosos corren ríos de alguna consideración: el Angulo que desemboca en el Lerma, el Lerma mismo en el norte de la región, y los ríos Queréndaro y Grande que desembocan en el lago de Cuitzeo, que en la temporada seca descubre extensas llanuras llenas de tequesquite donde sólo crecen romeritos, chacames y otras yerbas.


En el extremo del noreste, el suelo de la zona es blanquizco, silicoso y delgado, pero no carece ni de manantiales ni de pastos de buena calidad. En el subsuelo hay estaño, y en las cumbres árboles corpulentos y maderables. Las tierras del valle de Queréndaro contienen mucha materia orgánica, y desde el punto de vista del agricultor son muy valiosas. Son suelos profundos, que permiten la infiltración. Así son también algunos de los terrenos de Puruándiro y Angamacutiro. La flora silvestre es chaparra; la componen mezquites y huizaches, magueyes y sábilas, tepozanes y yedras, buenamozas y retamas. Sólo las eminencias del terreno son capaces de alimentar bosques mixtos, encinares y pinares de gran tamaño. Una región con predominio de arbustos y yerbas ha atraído en todo momento mamíferos corpulentos, manadas de animales de gran tamaño. 


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